Las celebraciones por el día de la madre se iniciaron en la Grecia antigua, en las festividades en honor a Rhea, la madre de Jupiter, Neptuno y Plutón.

Durante el siglo XXVII en Inglaterra comienza una celebró un día llamado "servir de domingo", denominada "Domingo de Servir a la Madre" en la cual se honraba a las madres de Inglaterra y los criados tenían permiso y el día pagado para ir a visitar a sus madres. En aquel tiempo muchos de los pobres de Inglaterra trabajaban como criados para los ricos. La mayoría de los trabajos estaban lejos de sus hogares, y los criados vivian en las casas de sus patrones.

El origen del «DIA DE LA MADRE» es la tierna historia de una joven que pierde prematuramente a su madre. Una que concibió la idea de dedicar un homenaje, un día sin igual, para rendirle tributo a la madre. La estadounidense Ana Jarvis de Philadelphia, luego de la muerte de su madre en 1905, decide escribir, a maestros, religiosos, políticos, abogados y otras personalidades, para que la apoyen en su proyecto de celebrar el "Día de la Madre" en el aniversario de la muerte de su madre,el 2do domingo de mayo. Tuvo muchas respuestas, y en 1910 ya era celebrado en casi todos los estados de los Estados Unidos. Viendo la joven Jarvis, la gran acogida a su iniciativa, logró que el Congreso de los Estados Unidos presentara un proyecto de ley a favor de la celebración del «DIA DE LA MADRE», en todos los Estados Unidos.

La exaltación a los valores de la madre existió desde siempre. Con el pasar de los años, en algún momento, se señaló el segundo domingo de Mayo para conmemorar el Día Universal de la Madre. Podemos decir que dentro de los valores humanos, los más excelsos son los que concretan el perfil de una madre. La naturaleza es sabia y a la madre le dotó de cualidades supremas para que ejerza a plenitud su función.

El amor a los hijos es único y singular. Por este amor infinito la madre es capaz de llegar al heroísmo y de practicar actos verdaderamente increíbles para proteger o beneficiar al hijo. El amor de la madre al hijo es transparente, carente de egoísmo y de ambición personal. Hay una especie de intuición en lo que se refiere a vislumbrar la mejor opción para el hijo. En este infinito amor va implícito el deseo de que su hijo se realice plenamente y de que la vida le depare siempre lo mejor. Tal vez en este amor de madre radique la verdadera perpetuidad de la especie, pues, el niño nace tan desprotegido, tan desvalido que no podría sobrevivir sin la entrega, sin la abnegación de la madre. Gracias a estos cuidados es que el niño alcanza su madurez y plenitud.

Esta tarea de crianza de los hijos es sumamente difícil y compleja. Requiere, además de la presencia del padre, la dedicación de la madre a tiempo completo. Es por eso admirable y digna de respeto la madre soltera, la madre jefa de familia que tiene que vigilar sola sobre el cuidado, sustento, alimentación, educación, formación de sus hijos. Por bien de la humanidad los gobiernos deberían entregar todo su apoyo a la madre en general y a la madre jefa de hogar, en particular, pues los gobiernos que apoyan a la madre y al niño como un binomio indisoluble, tienen asegurada la grandeza de la Patria. Además es la madre quien transmite todo el acervo cultural de un grupo poblacional, de un país. Es ella quien transmite costumbres y tradiciones. Visto con esta óptica, estamos hablando de transmitir valores de generación en generación. Importante tarea cuya ejecución recae sobre la madre. Su calidad de madre le limitó, le prohibió a la mujer escender a igual jerarquía legal que el hombre. Fue necesario que pasen muchos años para que la mujer busque la igualdad de género.

 

 

Actualmente el doble rol que cumple la mujer, la madre, es más admirable todavía, pues a pesar de haber entrado en la difícil carrera de la competencia que impone el abrirse campo profesionalmente ahora, en las puertas del siglo XXI, nunca descuida el bienestar de su familia en general y de sus hijos en particular. Como un aspecto inherente a la cultura debo indicar que es indispensable el amor filial. Es necesario inculcar en la juventud sentimientos de gratitud, de solidaridad, de respaldo a los padres cuando estos han entrado en la tercera edad. En consecuencia, si bien es cierto que es encomiable que exista un día al año dedicado a la madre, debemos reconocer que la vida misma le debemos a ella, entonces creo que todos los días del año son buenos para agasajarla, para saludarla y para dar testimonio del gran cariño que le tenemos.

Es una lástima que prescindiendo de otros valores tales como afectivos, intelectuales o sentimentales, el día de la madre se haya convertido en un día de feria en el sentido de que todos se dedican a la compra del regalo dando valor a lo comercial y el asunto de fondo pasa a un segundo o tercer plano o incluso a veces desaparece. Como asunto de fondo me refiero al hecho de dar un testimonio permanente de afecto, de cariño de entrega, de solidaridad. A la necesidad de comulgar con los ideales de la madre y de presentir sus inquietudes y necesidades. Hablo de que los hijos son los llamados a llenar ese vacío que dejó la vida en su corazón. Vacío porque muchas veces se vio obligada a postergar sus aspiraciones profesionales y/o personales por cuidar de los hijos. Vacío porque no tuvo a su lado al esposo, al padre solícito sino más bien al hombre ingente, incomprensivo e intolerante. Vacío porque su hijo -fruto del amor- no conoció ese amor reflejado en la figura de un padre y fue ella -la madre- quien tuvo que enfrentarse sola a todas las vicisitudes que el hecho de ser una madre soltera conlleva. O vació tal vez porque con nuestra actitud egoísta lastimamos su corazón. En fin, hay tantas formas de que este vacío se presente y viva en el fondo del corazón de una madre. Pero ella, siempre generosa, siempre sonriente, está lista para abrirnos sus brazos cuando la necesitamos. A ella acudimos con nuestras angustias, con nuestras dudas, con nuestros temores y jamás nos sentimos defraudados pues siempre encuentra la palabra apropiada y el consejo oportuno. Que el día de la madre se vea reflejado en todos y cada uno de los corazones de los hijos agradecidos que, con un gesto, con una caricia, con una palabra, con una sonrisa hacen de cada uno de los 365 días del año, un Día de la Madre.

 
 

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