La semana santa comienza con el domingo de Ramos de la Pasión Señor, que une el triundo de Cristo -aclamador como Mesías por los habitantes de Jerusalén y hoy en el rito de la procesión de las palmas por los cristianos- y el anuncio de la pasión con la proclamacio´n de la narración evangélica en la Misa.

Domingo de Ramos

La liturgia de la Semana Santa comienza con la bendición de las palmas y una procesión el Domingo, con una solemne proclamación de la narración de la Pasión según San Mateo en la misa.

La procesión de Ramos viene evidentemente del recuerdo de lo que pasó en la vida de Jesús días antes de su pasión y muerte. Como ya mencionamos, en los primeros siglos, en Jerusalén se comenzó a venerar los lugares donde había sucedido algún acontecimiento en la vida de Jesús.

"Por eso el domingo anterior al Viernes Santo todo el pueblo se reunía en el Monte de los Olivos junto con el obispo y desde allí se dirigían a la ciudad con ramos en las manos y gritando Viva, como habían hecho los contemporáneos de Jesús". La famosa monja peregrina o turista española nos cuenta como se celebraba el Domingo de Ramos y nos detalla que el obispo de Jerusalén, representando a Cristo, se montaba en un burro y que la gente llevaba a sus recién nacidos y a los niños a la procesión.

Jueves Santo

El jueves, el viernes y el sábado santos, o triduo pascual, simbolizan el cambio del mundo viejo al nuevo, son los días de renovación a través de la búsqueda y muerte de Jesús. Estos días son de liturgias especiales y no se ofrecen misas personales de ningún tipo.

El Jueves Santo es como una "profecía" de la Pascua, es decir, en la Última Cena Jesús vivió conscientemente y de manera anticipada su Pasión y Muerte y en ese momento puso en claro el para qué iba a morir, el por qué aceptaba voluntaria y libremente la muerte cruenta. Los primeros datos que tenemos de que el Jueves Santo se celebra la Misa recordando la Cena del Señor los tenemos por el Concilio de Cartago en el año 397 y por lo que cuenta Egeria que fue una peregrina o turista que visitó Jerusalén y que dejó escrito todo lo que allí se celebraba.

Es el día en que Jesús nos dejó el regalo más precioso de su amor:  la Santa Eucaristía.  Prometió que estaría siempre entre nosotros y cambió el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre.

Viernes Santo

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A Jesús le agarraron sus enemigos mientras rezaba en el huerto, le llevaron a juicio con falsas acusaciones, le escupieron, le azotaron, le pusieron una corona de espinas, le cargaron con una cruz pesadísima y le calvaron en ella, dejándole morir como un criminal. Sus amigos le dejaron solo en las manos de sus enemigos. El Viernes Santo no es día de llanto ni de luto, sino de amorosa y gozosa contemplación del sacrificio redentor del que brotó la salvación.

Vía crusis

El vía crusis es el camino de la cruz, el recorrido que hace Jesús coronado de espinas, cargando el travesaño donde será clavado, hacia la cima del monte del Calvario. En ese recorrido Jesús recibe los azotes e insultos de la guardia romana, cae exhausto en tres ocasiones y vive además el inmenso dolor de su madre, María, y de María Magdalena. Las catorce estaciones del vía crusis simbolizan para los cristianos el camino de dolor que lleva a la resurrección del espíritu. El viernes santo a las tres de la tarde se cumple el episodio más triste de la Semana Santa; la muerte de Cristo.

Jesús sentenciado a muerte.
Jesús ratificó con su poder sacerdotal la sentencia que lo condenaba a muerte . . .
Acepta el alma amorosamente la sentencia divina que la constituye víctima, aceptándola como tal: ¡Jesús, "eccevenio", aquí estoy para cumplir tu voluntad !  

Jesús recibe su cruz.  
La cruz que el alma, a semejanza de Cristo recibe sobre sus hombros, es el dolor o conjunto de dolores, que según la disposición divina la han de inmolar.
 ¡ Con qué amor recibe el alma la cruz bendita! ¿Tiene Jesús algo mejor que dar en este mundo a los que ama?  

Jesús cae por primera vez.
A las veces la víctima ha de sufrir desmayos. Jesús quiso caer para que el alma no se desaliente cuando el dolor la oprima y para que esté segura del auxilio que Jesús le mereció.    

Jesús encuentra a su Santísima Madre.
 ¡Qué dulce es pensar que María estará a nuestro lado a la hora de la inmolación. La Santa Madre es quien forma a las víctimas.  
En su seno, en su corazón, me formaré. Formar víctimas es formar a Jesús. ¿ Se puedes ser víctima sin transformarse en EL?

Simón, el cireneo, ayuda a Jesús.
 Jesús quiere que le ayudemos a llevar la cruz, no tanto para aliviarle su carga, cuanto para participarnos su gloria y su dicha. Siendo tan generoso, ¿ podía reservarse para El solo tan gran riqueza?
 !Oh tesoro divino de la Cruz, lo más rico y dulce que existe en la tierra! ¡La última palabra del amor!  

Jesús graba su Divino Rostro en el velo de la Verónica.  
Para ser víctima hay que transformarse en Jesús. La gran Víctima debe grabar en el alma su imagen, no la manera superficial, sino profunda; pero su imagen dolorosa, ¡la que tiene sangre y polvo y la saliva! ¿Cuándo será la anhelada transformación?

Jesús cae por segunda vez.
Las caídas de Jesús enseñan al alma que para ser víctima, hay que descender hasta lo profundo del dolor...

Jesús consuela a las mujeres que lo acompañan.  
La víctima perfecta, y sobre todo la Víctima sacerdotal, deber olvidarse de su dolor y de su inmolación para atender y consolar a los demás, como Jesús se olvidó de sus dolores para enseñar a las piadosas mujeres.

Jesús cae por tercera vez.
 ¡ A qué profundidades debe llegar la víctima! Pero con El, que quiso arrastrarse en la tierra para acompañarnos en nuestras inmolaciones.
Los verdugos desnudan a Jesús.
La víctima debe estar espiritualmente desnuda: ¡ qué divina desnudez es necesaria para llegar al dolor amoroso y fecundo!  

Jesús es clavado en la Cruz.  
Tenderse sobre la cruz, es ser colocada sobra el altar, es el glorioso destino del alma víctima, su anhelo supremo, su dicha cumplida. Allí encuentra a Jesús como en ninguna otra parte; es tálamo sangriento y feliz de Jesús y del alma.

Jesús muere en la Cruz.
 Morir con Jesús, morir por Jesús, morir en Jesús, es el acto específico y sacerdotal del alma víctima. ¡Si Jesús me concediera morir mártir! ¡Pero me concederá, sin duda, morir víctima!

Jesús muerto en los brazos de su Madre.
 ¡Qué gozo saber que las manos inmaculadas de María nos ofrecen en el momento solemne del sacrificio y que nos han de recibir al bajar de la cruz! ¡Manos inmaculadas de María! ¡ Manos maternales! ¡Manos sacerdotales!

Jesús en el sepulcro.  
La última etapa de la víctima es el olvido y la abyección del sepulcro a donde descendió Jesús. ¡El sea bendito!.

 
 

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